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La Nueva Economía

14/09/2016 | Sociedad

Por todos es sabido que gracias a una pequeña bellota tendremos con el paso del tiempo un majestuoso y milenario árbol de roble. La importancia de las semillas y su simbiosis con los animales que la ingieren, con el agua y el viento que las transporta a lo largo y ancho del globo terráqueo poblando nuestro mundo de un fecundo verde que nos permite vivir, es indiscutible.

El trigo, la cebada, el arroz y el maíz, por citar unos pocos compañeros inseparables de los seres humanos, han pasado de generación en generación, sirviendo como recurso útil y lucrativo, e incluso como moneda de cambio.

Poco a poco la ciencia, a través de la biotecnología, ha ido desarrollando variedades más sabrosas, más resistentes y con mayor volumen de producción con un coste menor. Sin embargo, estas joyas de la evolución botánica están siendo objeto de codicia para algunas corporaciones. Si bien es fácil comprender que toda empresa que se lanza a un nuevo descubrimiento corre un riego económico importante, asumimos que sea necesario un retorno financiero a través de la patente creada sobre su descubrimiento.

Sin embargo, los granos y semillas se han convertido en un artículo especulativo que en breve cotizarán en bolsa. Las grandes firmas que controlan el comercio mundial de semillas se reunieron en el Global Grain, este año en Ginebra, desde donde se desatan nuevas formas de comercio a través de la dependencia continua de los agricultores que se ven obligados a comprar semillas estériles.

Esto nos hace pensar si algún día les llegará su vez a los animales que criamos para consumo humano, o las plantas medicinales con las que elaboramos remedios, o los árboles frutales, etc. De qué nos sirve todo este avance si el resultado final se mide en cifras económicas y acciones en bolsa. De nada sirven todas las investigaciones millonarias si nuestro planeta se encuentra enfermo.

Os invitamos al cooperativismo a través de las ventas urbanas y comunitarias, al intercambio y la producción de simientes autóctonas y silvestres, comestibles o no, pero con poder germinativo, memoria y capacidad reproductora, como si se tratase de un Arca de Noé para tubérculos, plantas y árboles. Os invitamos a que durante los próximos 6 u 8 años reunáis y cubráis vuestras necesidades alimenticias y medicinales.

Desgraciadamente ya existe el monopolio de las energías renovables, el petróleo, el gas y el agua, entre algunas de las cosas cotidianas de suma importancia. ¿Le estaría llegando la hora a las semillas de nuestro planeta que un día nacían libres y nos esperaban para ayudarnos a crecer como grupo humano?

Pon una semilla en tu corazón, y otra en tu jardín.